AÚN ASÍ
Llegará el día en que mis pasos lentos e inseguros por el peso de ajadas hojas color sepia, almanaques sobre mi espalda curvada, se deslicen...
Ése será el momento dónde mis pies descalzos ya no se regocijen de acariciar la hierba y mis huellas dejadas en la arena sean tres...
Mis manos reflejarán sombras lunares y mi cabellera despeinada se confundirá con la grisácea lluvia otoñal. Seguramente será el tiempo que mi boca fruncida hoy para besar, se encontrará plegada como un descolorido abanico de papel por el repetido deleite pasado.
Entonces curiosa, miraré al espejo tratando de hurgar restos de facciones otrora atrevidas. Imaginariamente descorreré uno a uno los velos de arrugado lino, sonriendo por las ráfagas huérfanas de recuerdos descontrolados.
Mi cuerpo indolente no responderá a los deseos mundanos...sólo sombras: infinita espiral brotando entre mis huesos, serán las viejas caricias.
Pero aún así estoy segura ,que mi esencia no estará educada y el brillo obstinado de mis ojos seguirán delatando al viejo corazón que nunca dejará de zapatear rebeldías y dudas.
Daniela Floridia
**Publicado en Antologías Sensibilidades V -2003 Madrid - "






Alberto dijo
Es el cuerpo el que envejece, pero la esencia de la persona sólo acumula la experiencia de las vivencias. Tu corazón zapateador dará al cuerpo el soplo que necesite.
Me ha guistado mucho la ternura con la que abordas un tema tan poco agradecido como la vejez.
Besos y cariños.
Alberto
15 Junio 2007 | 09:30 AM