Con el rostro vuelto hacia el cubo de luz iluminado soy parte del mar humano que se mece con su cuerpo y corea.
Todos, semejantes, voraces de diversión, sueltan estructuras auto impuestas, desencadenando complejos que desatan lo sujetado en un mundo que se llama civilizado; bailan simulando rituales ancestrales.
Sólo distingo siluetas grises en la distancia animándose unos a otros a disfrutar el momento.
Un haz de luz taladra la oscuridad y descubre ante mi mirada tu figura exultante, envuelta en jeans ajustados, destacando lo que las mujeres no miramos, pero queremos adivinar cuando conocemos a un hombre interesante.
El descubrimiento convierte en jirones mi cordura, dejando estático mi cuerpo en el lugar donde no debería estarlo en medio de ésa marea humana.
Sentía que no podía, ni quería perderme ése acto de amor:
la sensualidad con que te inclinabas hacia ella, acercando sin censuras tu cuerpo de hombre armónico sin ser bello.
Tu sonrisa atrevida acompañaba tus dedos mientras los deslizabas sobre ella acariciándola, arrancándole gemidos, desde su profundidad.

Yo sólo a unos pasos de ustedes ,mordí mis labios hasta sentir el salado gusto rojo, conocido.
Mis ojos enturbiados por el placer de verte tocarla, fueron sorprendidos por ti y tu media sonrisa se convirtió en una media luna cínica mientras tus ojos entrecerrados evaluaban sin verme , en realidad.

Rodeándonos, la marejada humana crecía...
Olvidándote de mi, se tensaron tus músculos como si torrentes de fuerzas fueran necesarias para desprenderle sonidos vibrantes a ella; un mechón de tus cabellos envolvieron su laxo cuerpo, color ébano, y tu mirada absorta en trance, le pedía sin palabras la entrega final.
Ella, como mujer agradecida venerando tu cercanía, desgranó sólo cadencia.
El estrépito del público acompañó el rasgueado musical, impetuoso, magnífico, acercándome al clímax.
Desde ése momento sólo deseo ser ella: tú guitarra de madera de ébano con sólo seis cuerdas... sí, sólo una guitarra.

01 de marzo de 2003 Daniela Floridia
(Publicado en Antologías Sensibilidades V -2003 Madrid)

Este relato fue el 1° que ví publicado en papel , o sea que para mí es uno de los más importantes; además de tener que presentarlo (oralmente) en el Teatro San Martin de Buenos Aires ...¿cómo les explico el calor qué pasé? (sonrisa)
Gracias por leerlo. Cariños