Él tiene los ojos entornados y una mano laxa sobre su pecho como tratando de aquietar sus latidos; la otra mano sobre el muslo de ella en íntima complicidad.
Siempre la misma visión. Nada cambia.
Sólo cambian los escenarios y horas de amor.Pero no los estados de quietud.
Siempre es la misma sonrisa plácida del hombre, la misma languidez de ella; los mismos pliegos de las sábanas, la ropa de ambos desparramada...
Siempre una luz rozando sus senos y el perfil sosegado de él.
Sus largos cabellos cayendo despeinados sobre su hombro y la mano de ella acariciando en círculos distraídos la piel del hombre…

Así te veo cuando pienso en ti. Así me veo cuando pienso en nosotros.
Armónicos, confiados, serenos, enamorados, sosegados...Encerrados en inmutable placer.

Hasta el momento de abrir mis ojos y mirarme en los transparentes tuyos.
Es ahí cuando se quiebra la simétrica quietud Y conmovidos por la osadía de amarnos y habernos encontrado en éste extraño mundo exaltado
con asombro compartido te recibo nuevamente, en un desbocado ritmo de piel y almas.
Siempre la misma visión...siempre la misma realidad.

Daniela Floridia
Verano del 2007
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